La fuente de Cueva o de la Bellota

La fuente de Cueva o de la Bellota

“Ir a la fuente a por agua” es una de las tareas domésticas que, afortunadamente, ya no anotamos en la lista de quehaceres diarios. Pero, hasta la llegada del agua potable a los hogares, supuso una necesidad cotidiana. Para lavar, fregar o regar, casi todas las casas contaban con un pozo del que, bien manualmente o con una motobomba, se extraía el agua de la superficie de la capa freática.

Pero estas captaciones no solían ser aptas para el consumo humano, por lo que en Colindres de Abajo nos tocaba hacer cola, “cacharra” o botijo en mano, en la fuente de La Bellota. Era ésta la única fuente de manantial en la zona con las garantías sanitarias necesarias para su consumo, pues contaba con un control diario por parte del farmacéutico José Puente de la Maza, “El Boticario”.

La fuente, que recibe el nombre de la bellota decorativa que remata su infraestructura expendedora de agua, es un elemento constructivo más que, desde su traslado hace ya más de un siglo, se integra en el espacio público de la alameda del Ayuntamiento, aunque esté fuera de su recinto.

Su ubicación original fue el barrio de Cortinas. Surgía en una orilla junto a la curva de la “Cuesta de la Torre”, debajo de un pequeño abrigo rocoso al que algunos vecinos de la zona bautizaron como “La Cueva del Zorro”. Se la conocía como Fuente de “Cueva”, de “La Torre”, de “Viyar” o de “Viar” y de “Cortinas”. Y es que este paraje acumula un sinfín de topónimos antiguos que conviven con la nomenclatura viaria actual, y todos ellos la identifican: La Torre, por haber existido una torre defensiva perteneciente al Condestable de Castilla; Barrio de Viar o Viyar, haciendo referencia, posiblemente, a la importancia que pudo tener alguno de sus caminos como vía principal en otra época; y Cortinas por contar desde antaño con gran abundancia de solares y de fincas agropecuarias con “cortes” para recoger el ganado.

No cabe duda de que la fuente de Cueva era sobradamente conocida y frecuentada por ese valioso recurso que es el agua, por lo que se convirtió en referencia del lugar para localizar otros intereses. Finalizando el siglo XIX aún se conocían en sus inmediaciones pequeñas explotaciones de mineral de hierro: en 1890 había actividad extractiva en la mina “Dos Hermanas” y en 1897, un vecino de Castro compra “la mina que hay en el sitio de Fuente de Cueva y que se llama “La Colindresa”.

A lo largo de su historia este manantial fue objeto de cuidados y diversos trabajos de mantenimiento. El arroyo que formaba su desagüe era revisado continuamente para no inundar los terrenos que atravesaba en época de lluvias, tal y como se acuerda en numerosos plenos: “Habiéndose variado el acueducto que conduce al mar las aguas sobrantes de la Fuente de Cueva y terrenos continuos a ella que generalmente se inundan, se hace precisa la necesidad de conservar el acueducto en el mejor estado posible”(1861), “…pasa por posesiones de José de Arce conduciendo las aguas ya dichas además de las del Barrio Nuevo…”, “…entrada a las Ferias y mieses de La Palma y las Bárcenas, hasta las heneras, que practiquen una radical limpieza afín de que las aguas marchen expeditas” (1890).

La existencia de este arroyo queda confirmada en una foto de principios del siglo XX en la que se aprecia su recorrido que, proveniente del “callejón de la fuente” (actual calle Juan El Encina”), atravesaba el “Crucero”, pasaba por delante de las casas del “Barrio Chino” (calle La Quinta) hasta desembocar en la marisma.

En 1905, aprovechando las obras que transformarían la alameda del Barrio Nuevo en un renovado espacio de ocio, el ayuntamiento decide trasladar la fuente de Cueva a uno de los extremos de la misma, junto al juego de bolos. De esta manera se consiguió una doble finalidad: añadir un elemento de ornato en este nuevo entorno, además de garantizar un mejor servicio a la población, alejándola del emplazamiento original de la fuente, un lugar menos accesible y poco seguro.

Para ejecutar la obra hubo de excavarse una zanja de 205 metros, con sus correspondientes metros de cañería, que salvaba la distancia entre el depósito del manantial y su nueva ubicación, y cubrir con losas parte del canal de desagüe o viaducto en sus inmediaciones. El proyecto se presupuestó en 1.192,10 pesetas.

Tres décadas después, en los años treinta, se hizo patente una mayor demanda de agua pareja al incipiente crecimiento poblacional de Colindres. En julio de 1936, se acuerda construir un nuevo depósito con capacidad suficiente para recoger las aguas a pie de manantial y asegurar el suministro a la vecindad a través de la fuente.

Con la llegada del agua corriente a Colindres, en la década de los setenta del pasado siglo, la fuente de Cueva/La Bellota fue enganchada a la red y el manantial fue perdiendo entidad. Casualidad o no, parece que esperó a ver resuelto el problema de suministro de agua potable en Colindres para “despedirse”.

La fuente de Cueva o de la Bellota

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